INVERTIR A TRAVÉS DE INTERNET

¿Riesgos? Sólo los de la inversión

La red global viene transformando nuestros hábitos de vida desde hace décadas, en todos los ámbitos que nos afectan como consumidores o usuarios de bienes y servicios. También lo ha hecho en la actividad financiera tanto de multinacionales o medianas y pequeñas empresas, como en la del ciudadano de a pie, el pequeño inversor que ha visto exponencialmente multiplicadas las ofertas de inversión, los productos en los que fijarse. Lejos de tener que ir a buscar, el pequeño inversor se ve en la actualidad bombardeado por infinidad de ofertas que le llegan por tierra, mar y aire, siendo internet una fuente inacabable de productos financieros a los que un pequeño inversor puede acceder. Lamentablemente, como en tantas ocasiones, estas nuevas posibilidades tienen las dos caras de la moneda. Por un lado, como decíamos, el inversor puede rastrear hasta encontrar el producto que más se adapte a su perfil. Por otro, y al mismo ritmo que las posibilidades, se han multiplicado los riesgos para aquella persona que no sea precavida, dando lugar a infinidad de engaños y fraudes, llegando a afectar incluso a millares de personas, con estafas multimillonarias. Por todo ello, y de la mano de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, repasaremos a modo de consejos algunas buenas prácticas que nos ayudarán a invertir a través de internet, sin correr más riesgos de los que queramos asumir por el tipo de inversión por la que optemos.

A la hora de invertir, como en otros tantos actos relacionados con el mundo del consumo, la información y la precaución para no precipitarse deben ser sus máximas para evitar ser víctima de un engaño o fraude. No nos referiremos en este artículo a los riesgos que todo inversor tiene que afrontar por el mero hecho de serlo y que van ligados a la propia inversión en sí. Toda persona que invierte debe conocer su perfil y buscar, con la ayuda de entidades profesionales y reconocidas si fuera necesario, el producto que más se adapte al mismo, desde los que están garantizados para los más conservadores, con los que tampoco ganará mucho pero nunca perderá, a los que más riesgo supongan, con los que las ganancias se podrán multiplicar, en paralelo a la posibilidad de perder la inversión. Estos serán los únicos riesgos que el inversor deba asumir siguiendo unos simples consejos para no caer en una posible estafa, ante la proliferación de ofertas a la que se verá expuesto.

Primeras comprobaciones
Así, el primer consejo debe ser un axioma para el inversor que no quiera ser víctima de un posible engaño: “Verifique que la entidad que le ofrece el producto financiero está autorizada y que la empresa no ha sido objeto de advertencia por parte de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), ni de otros supervisores”.

Las empresas que ofrecen servicios de inversión deben estar obligatoriamente inscritas en la CNMV. Sólo las entidades registradas han obtenido autorización para prestar dichos servicios tras acreditar el cumplimiento de ciertos requisitos y quedan sujetas a los controles de los organismos supervisores. Hay que señalar que en la página web de la Comisión se podrá verificar si una entidad está autorizada para prestar algún servicio de inversión, a través de un intuitivo buscador creado a tal efecto.

En el caso de que la entidad no estuviese registrada, el inversor debería comprobar si la CNMV y/u otros supervisores hubiesen difundido una advertencia sobre dicha entidad y la posibilidad de estar prestado servicios de inversión sin estar debidamente habilitada para ello. Como en el punto anterior, en la propia web de la Comisión tiene otro buscador. Si la entidad apareciera en este segundo supuesto, nuestro consejo es que desista en su intento de invertir a través de esta entidad, pues el órgano regulador ya nos está poniendo en alerta de un riesgo que deriva de la propia entidad y no del producto en cuestión. En este punto hay que señalar que las entidades que no han sido objeto de advertencia no son necesariamente entidades autorizadas; es posible que sus actividades irregulares aún no hayan sido detectadas por los organismos supervisores competentes.

Pero, y como señalábamos al comienzo, las posibilidades se han multiplicado exponencialmente y nos podemos encontrar con que la entidad no aparezca en ninguno de los dos casos anteriores, ni está autorizada ni está señalada. En este caso le recomendaríamos ampliar la búsqueda en la página web de la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO, en sus siglas en inglés: www.iosco.org) donde los organismos supervisores de otros países incluyen las advertencias de este tipo.

Estas primeras comprobaciones no deberían quedarse en la propia entidad, sino deberíamos dar un paso más y tener en cuenta que el agente de venta también debe estar inscritos en la CNMV o en el Banco de España. En el caso de que la operación se vaya a realizar a través de alguien con el que hayamos contactado por internet y que se presenta como agente de una entidad, confirme también en el buscador de agentes de la CNMV y del Banco de España (http://app.bde.es/age/) si ambos, la entidad y el agente, están registrados. Es importante además recordar que los agentes no podrán recibir de los clientes, ni siquiera transitoriamente, instrumentos financieros o dinero, ni percibir honorarios, comisiones o cualquier otro tipo de remuneración del cliente.

Los peligros de la red…
Todas estas comprobaciones previas serán comunes para cualquier inversor pero el hecho de realizar una operación a través de internet, dispara las posibilidades de que podamos ser engañados y caigamos en un posible fraude. Y es que el anonimato de la red y de las redes sociales juega siempre a favor de la persona que desea defraudar. Tenga en cuenta que las entidades no registradas, incluso las señaladas por la CNMV en su red de alertas, suelen disponer de páginas web con apariencia sofisticada y que transmiten seguridad al posible inversor.

Indudablemente, estas web son el escaparate con el que estas entidades se presentan al mundo, por lo que no escatiman en medios y el resultado es que el inversor poco precavido no detectará en ningún momento el riesgo añadido, sino todo lo contrario, confiará ante los ‘destellos’ de la web de esa entidad.

… y de las redes sociales
Igualmente, si la oferta le llega a través de redes sociales, el hecho de que ésta haya sido compartida infinidad de veces no le aporta ni un añadido en seguridad sino, en ocasiones, todo lo contrario, estos intentos de fraude masivos cuentas con muchos medios para conseguir que el ‘cebo’ se haga viral.
Y es que las redes sociales pueden favorecer que los defraudadores contacten a un gran volumen de personas a un costo relativamente bajo. Por ello, los potenciales defraudadores buscan víctimas en redes sociales, salas de chat y foros virtuales. Si ve un post en su muro, un tuit que le menciona, un mensaje directo, o un e-mail que no ha solicitado, debe tener extremo cuidado con responder.

Ofertas no solicitadas
Otra regla de oro en consumo y en este caso en inversiones a través de la red: desconfíe de ofertas de inversión que no haya solicitado y que además prometen las mayores rentabilidades con los menores riesgos. Suelen ser el cebo con el que consiguen captar a nuevos inversores que no se paren a leer la letra pequeña. Las ofertas le pueden llegar directamente por correo electrónico, a su móvil o incluso a sus perfiles en redes sociales.

Recuerde que es fácil crear una página web, cuentas de e-mails con dominios profesionales y perfiles redes sociales para contactar a sus potenciales víctimas a través de mensajes directos, haciéndose pasar por un negocio legal y regulado. Esta apariencia de legalidad es lo que convence a los inversores para confiar su dinero y, en ocasiones, es difícil rastrear e identificar a las verdaderas personas que están detrás de cuentas falsas.

En este caso, en el de recibir ofertas no solicitadas, podemos encontrarnos con dos tipos de cebo: los masivos y los personalizados. Sobre los primeros, muchas estafas usan ‘spam’ o correos masivos no solicitados para llegar a un número cuanto mayor mejor de posibles víctimas. En este caso, suele utilizar conceptos como ‘oportunidad’, ‘retorno garantizado’, ‘alta rentabilidad’ u otros similares en el ‘Asunto’ del correo para atraer inversores poco precavidos. Ante un mensaje de este tipo, el mejor consejo: ni lo abra.

Mensajes personalizados
Ahora bien, podemos recibir un mensaje que en apariencia está destinado personalmente a nosotros, evitando la imagen de envío masivo. Tenga en cuenta que el rastro que dejamos a través de nuestras navegaciones en internet y de nuestras redes sociales permiten hacer una radiografía perfecta de cada usuario de internet. Con un poco de trabajo previo, se puede desgranar nuestro día a día, tanto en los hábitos como en los gustos o, lo importante en este caso, es qué tipo de negocios hemos rastreado en la web. Los posibles estafadores podrían rastrear la web para ofrecernos, en apariencia, aquello que estamos precisamente buscando. Si somos de perfil conservador y buscamos inversiones garantizadas, eso será precisamente lo que nos ofrezcan. Igualmente, si lo que nos gusta es invertir en un determinado producto, ese es el que nos llegará.

Este patrón se repetirá en redes sociales, pues una de las técnicas que utilizan los que pretenden promover estafas en redes sociales son los ‘fraudes por afinidad’, que consisten en captar el interés de un grupo virtual que está dispuesto a hacer una inversión. El objetivo es ‘cazar’ a los miembros de grupos identificables, como los grupos de edad avanzados o profesionales.
A medida que algunos miembros acceden a hacer la inversión, el resto se siente en confianza y tiende a seguir el consejo de alguien del mismo grupo. En ocasiones, estas personas influyentes son parte de la estafa y procuran transmitir seguridad en el negocio que recomiendan.

Otras señales de alerta
Hasta aquí hemos visto que deberíamos desconfiar de aquellas empresas o agentes de venta que no aparezcan como autorizados, mucho más de los ‘señalados’ y de las ofertas que no hayamos solicitado. Pero además, existen otros mecanismos que nos pueden hacer saltar la voz de alerta, a la hora de realizar una inversión que nos está siendo ofrecida, como podrían ser la urgencia de la misma, la necesidad de tener que tomar una decisión inmediata, las que nos ofrecen bonificaciones de entrada o las piramidales.

Las dos primeras alertas están muy relacionadas con las técnicas agresivas que utilizarán los posibles defraudadores a la hora de captar inversores. En este caso se tratará de ofertas claramente beneficiosas para el inversor pero que conllevarán que la decisión se tome sin meditar y sin que nos dé tiempo a tomar las precauciones debidas. Se tratará de ofertas limitadas en el tiempo o, lo que aumentará la presión, a las que deberemos contestar en el momento. Hay que decir, eso sí, que aunque éstas nos puedan llegar por internet o redes sociales, lo cierto es que este tipo de urgencias se suele dar más en llamadas telefónicas, en las que nos dirán que esa oferta termina en unas horas o días o, incluso, que suelo se puede acceder a ella en esa misma llamada. No lo acepte, solicite toda la información por escrito y, por supuesto, desconfíe totalmente de este tipo de ofertas tan agresivas.

Otro clásico, una oferta en la que se nos ofrece un bono o bonificación de entrada como premio a la inversión. Bien, es posible que el bono inicial sea real y gratuito pero en ocasiones exige que el inversor, cuando desea cerrar las cuentas abiertas con esa empresa, realice una última inversión efectiva por un importe igual o superior al importe de dicho bono (en ocasiones, de hasta 30 veces mayor); inversión que suele terminar con la pérdida de todo o parte del capital invertido y los beneficios acumulados hasta ese momento. Como en el supuesto anterior, en el del apremio, no pique: solicite toda la información por escrito, estúdiela con atención y no se precipite.

Por último, no caiga en los conocidos modelos piramidales. Evite participar en un sistema en el que el beneficio que se pueda obtener dependa casi exclusivamente del capital invertido por otros inversores: sus ingresos dependerán de que entren realmente nuevos inversores y, además, formará parte de una actividad irregular y contribuirá a su expansión. En realidad, estos inversores que involuntariamente actúan como cebo sólo van a obtener algún rendimiento al principio. Las sucesivas inversiones empezarán a generar pérdidas. Entonces, la entidad no responderá a las solicitudes de reintegro del capital y finalmente desaparecerá con todo el dinero aportado, como lamentablemente ha sucedido en tantas ocasiones y afectando a millones de personas.

Proteja su seguridad y reaccione
Por todo lo anteriormente expuesto, y más allá de los consejos sobre la necesidad de informarnos sobre la entidad y de desconfiar de todo lo que no esté sujeto a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, toda persona que utilice internet o las redes sociales a la hora de invertir debería ser extremadamente precavida con los datos que facilita en la red, así como con la actividad que desarrolla en las redes sociales.

Los distintos navegadores ofrecen distintas posibilidades de seguridad en cuanto a la gestión de nuestros datos o nuestros rastros se refiere. Igualmente, en redes sociales existen distintas configuraciones sobre la privacidad, que condicionarán el tipo de información que se compartirá y los destinatarios con los que se hará. No estaría de más, en caso de usuarios de redes sociales, crear un perfil específico como inversor que no esté relacionado ni vinculado con otros posibles perfiles personales que tengamos abiertos y que podrían servir a posibles defraudadores para conocer más sobre nuestros gustos.

En cualquier caso, si ha sido o cree estar siendo víctima de un fraude, no dude en contactar directamente con la CNMV o denunciar en la policía o en el Juzgado pertinente. Recuerde igualmente que la Unión de Consumidores de Madrid-UCM pone a disposición de sus socios un gabinete jurídico que le asesorará sobre los pasos a tomar en este supuesto.

Javier Rey

Autor: Javier Rey

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